Por: Ecopolitica
Las victorias electorales suelen construirse sobre promesas. Un discurso esperanzador, una visión de cambio y la convicción de que «ahora sí» las cosas serán diferentes. En Santo Domingo Este, muchos ciudadanos depositaron esa esperanza en Dio Astacio. La pregunta, sin embargo, ya no es si ganó las elecciones. La verdadera pregunta es otra: ¿ha logrado convertirse en el alcalde que soñamos?
Sería injusto afirmar que no se ha hecho nada. Hay iniciativas visibles, una mayor presencia mediática de la Alcaldía, proyectos que buscan modernizar el municipio y una narrativa constante de transformación. Nadie puede negar que existe una intención de proyectar una gestión activa y cercana a la gente.
Pero gobernar no consiste únicamente en comunicar. Gobernar es lograr que el ciudadano sienta los resultados cuando sale de su casa, cuando transita por su barrio, cuando busca una solución a un problema cotidiano.
Y es ahí donde comienzan las interrogantes.
Santo Domingo Este continúa enfrentando desafíos que no desaparecen con una rueda de prensa ni con una publicación en redes sociales. La limpieza, el tránsito, el orden territorial, la recuperación de espacios públicos y la percepción de organización siguen siendo temas recurrentes en las conversaciones de los munícipes.
Quizás el mayor reto de esta administración no sea la falta de proyectos, sino la expectativa que ella misma creó. Cuando se promete una transformación profunda, la ciudadanía deja de conformarse con pequeños avances y comienza a exigir resultados extraordinarios.
También es cierto que administrar el municipio más grande del país no es una tarea sencilla. Los problemas acumulados durante décadas no desaparecen en meses. Existen limitaciones presupuestarias, conflictos administrativos y una burocracia que muchas veces ralentiza las soluciones.
Sin embargo, la paciencia ciudadana tampoco es infinita.
El liderazgo se pone a prueba precisamente cuando las circunstancias son difíciles. Es en esos momentos cuando un alcalde deja de ser un candidato exitoso para convertirse en un verdadero gerente de ciudad.
Hay otro elemento que merece reflexión. En ocasiones parece que la gestión dedica más tiempo a responder críticas que a construir consensos. La política moderna exige comunicación, sí, pero también escucha. Gobernar implica aceptar que las críticas pueden convertirse en oportunidades para corregir el rumbo.
Dio Astacio aún tiene tiempo para escribir la mejor parte de su historia como alcalde. Las administraciones no se juzgan únicamente por sus primeros meses, sino por la huella que dejan al finalizar su mandato.
La pregunta sigue abierta.
¿Estamos siendo demasiado impacientes con una gestión que necesita tiempo para consolidarse?
¿O estamos siendo demasiado complacientes con una administración que todavía no alcanza las expectativas que despertó?
Quizás la respuesta no esté completamente en uno u otro extremo.
Lo cierto es que Santo Domingo Este no necesita una gestión perfecta; necesita una gestión que inspire confianza, que escuche más de lo que promete y que convierta los anuncios en realidades palpables.
Porque al final, la historia no recordará cuántas veces un alcalde apareció frente a una cámara, sino cuántas veces logró cambiar la vida de quienes confiaron en él.
Todavía queda camino por recorrer. Y mientras ese camino continúa, la pregunta seguirá resonando en cada sector, en cada junta de vecinos y en cada ciudadano que espera ver el municipio que le prometieron:
¿Llegó Dio Astacio a ser el alcalde que soñamos… o todavía está a tiempo de convertirse en él?
