Por: Carlos Díaz.
David Collado parece habitar un universo paralelo. Mientras las encuestas de marketing y las refinadas estrategias de percepción digital lo pintan como un coloso invencible de la política dominicana, la cruda realidad de las estructuras partidarias dentro del Partido Revolucionario Moderno (PRM) le está propinando un baño de realidad. La política real no se hace con «likes» ni con costosas asesorías de imagen; se hace con votos, con delegados y con el control del territorio. Y ahí, Collado está perdiendo por goleada.
El mito de las encuestas vs. la realidad de las urnas.
El contraste es pasmoso. Quienes analizan la política desde la superficie compran el relato de un David Collado puntero en las simpatías externas. Sin embargo, cuando las luces del estudio de grabación se apagan y se entra a las estructuras organizadas, el panorama cambia drásticamente.
La primera señal de alerta ocurrió en la Federación Dominicana de Distritos Municipales (FEDODIM), donde el bando de Collado saboreó el polvo de la derrota. Pero el golpe de gracia a su pretendida hegemonía interna se está cocinando ahora mismo en la batalla por la Secretaría General del PRM. Mientras el ministro de Turismo soñaba con imponer una ficha propia, tras bambalinas los acuerdos internos ya tienen un nombre bendecido: Juan Garrigó. Esta nueva derrota deja al descubierto que la maquinaria interna del partido no responde a los encantos gerenciales de Collado, sino a la vieja y efectiva disciplina partidaria.
El pánico a Guido Gómez Mazara en Educación.
Entre los pasillos del poder el rumor no es sutil; es un secreto a voces que se comenta con morbo. El equipo político de David Collado le teme como el diablo a la cruz a una posible designación de Guido Gómez Mazara como próximo ministro de Educación.
¿Por qué el pánico? Educación maneja el presupuesto más grande de la nación y es una plataforma de empleo y penetración comunitaria sin igual. Si un político con el colmillo, la audacia y la capacidad de debate de Guido asume esa cartera, el nicho de Collado —basado en el voto externo, la clase media alta y el perfil gerencial— sufrirá un desgaste demoledor. Guido Gómez Mazara es un especialista en golpear donde a Collado más le duele: sabe morder las bases, pero también meterse en los debates de opinión pública, disputando de tú a tú ese mismo voto de doble dígito que hoy Collado cree tener cautivo en las encuestas internas reales.
Sin frenos para detener los trenes de Carolina y Wellington.
La matemática política es cruel con el ministro de Turismo. Al día de hoy, David Collado simplemente no cuenta con el material ni la estructura suficiente para chocar de frente con tres proyectos políticos que están firmemente de pie y listos para el asalto al poder.
El verdadero control territorial del PRM está en manos de un binomio con estructuras densas y aceitadas: Carolina Mejía y Wellington Arnaud. Entre ellos dos controlan el pulso de la municipalidad y del Congreso. De los 270 alcaldes y directores de distritos municipales que tiene el PRM, Carolina y Wellington manejan de manera conjunta a unos 190. A esto se le suma una bancada de aproximadamente 90 diputados que responden a sus directrices.
Frente a este ejército territorial de Carolina y Wellington, y ante la agresividad discursiva y de base que representa Guido Gómez Mazara, Collado luce como un general sin tropas, un candidato de laboratorio diseñado para la televisión pero desarmado para la guerra de guerrillas que representa una convención interna.
El dilema del «candidato de cristal».
A este escenario se añade un elemento que sus detractores internos empiezan a airear: la resistencia de Collado al escrutinio y al debate rudo. Acostumbrado a escenarios controlados y a una prensa mayormente complaciente por su gestión en el sector turístico, Collado no ha sido expuesto al fuego cruzado de una campaña donde se cuestionen las interioridades de las alianzas público-privadas o el costo real de la promoción internacional.
¿Podrá un proyecto sostenido por hilos de percepción resistir el embate de tres estructuras que combinan el abolengo partidario (Mejía), la gestión de aguas y bases (Arnaud) y el choque ideológico y popular (Gómez Mazara)? Todo indica que el traje de presidenciable le está quedando grande en las costuras internas. La burbuja de David Collado ha comenzado a desinflarse, y el PRM parece recordarle que para gobernar el Estado, primero hay que ganar el partido.
